Este fin de semana, acompañada de un grupo de personas maravillosas de varias regiones del país, y del equipo profesional de Kumanday con su 2da Expedición Mujeres a la Cumbre, visitamos el Hermoso Nevado de Santa Isabel hasta su cumbre centro. Experiencia retadora sobre todo para mí, pues nunca he sido caminante.

Partimos desde Manizales el día sábado, a las 6 de la mañana, en varias 4×4. Llegamos a desayunar a un Hostal llamado La Laguna, en las afueras de Villa María, allí realizamos una pequeña caminata hasta una cascada, unas dos horas de recorrido aproximadamente. Después, salimos hacia Potosí, lugar de acceso a la Laguna del Otún.

Almorzamos y caminamos unas 2 horas hasta la Laguna, un paisaje hermoso, empiezo a sentir la altura, por lo que debo caminar muy despacio haciendo paradas para hidratarme; los guías siempre atentos dándonos ánimo.

El paisaje es sobrecogedor y cambia en segundos por juego del viento y las nubes. Regresamos al campamento en Potosí. Allí nos han preparado las carpas donde descansaremos unas horas, pues en la noche tendremos una charla con Ana María Giraldo y los demás guías, sobre el uso del equipo de montaña y nieve como el arnés, los crampones, etc.

Infortunadamente, no logro dormir por el frío y el mal de altura. Me sentí aliviada cuando a las 2 de la mañana nos dicen que es la hora de iniciar el camino. Desayunamos y salimos en las camionetas que nos llevan hasta un sitio llamado La Conejera, ahí ya son las 3 de la mañana y empezamos a subir. A los 100 metros me sentía sin aire, fui avanzando poco a poco, me concentré en mi respiración y en dar solo 20 pasos, después otros 20, y así empezamos a ver el amanecer que tiñó el cielo de colores rosa. No me importó estar de penúltima.

A las 8 llegamos al borde del glaciar. Allí nos pusimos el equipo: casco, arnés, crampones y nos unimos de a 8 por cordada. Yo estuve completamente en silencio, no quería malgastar mi energía, pues aún nos faltaban 2 horas más para llegar hasta la cumbre. Nuestra líder de cordada era Claudia Ocampo, quien combinaba muy bien la paciencia y la firmeza.

Mientras trataba de caminar sobre la nieve, con esos accesorios pegados a mis botas, pensaba yo qué estaba haciendo ahí, con mis rodillas maltrechas y mi muñeca izquierda  recién fracturada. Pero seguía las instrucciones del equipo, un paso a la vez. Cuando íbamos en la mitad del recorrido, escuchamos un alboroto de las compañeras de otra cordada que iban más adelante, aunque segundos después, dijeron que todo estaba bien.

Al llegar al sitio nos dimos cuenta que el fotógrafo del paseo se fue a una grieta de unos 2 metros, afortunadamente sus compañeros actuaron y lo sostuvieron sin dificultad.

A las 10 de la mañana llegamos a la Cumbre Centro, el viento era impresionante, el paisaje blanco único,  todos nos abrazamos; le di las gracias a Anita por motivarme a hacer este viaje, hice algunas fotos. Pensé en lo que Ana María Giraldo sintió al llegar a la Cima del Everest.

Hubo momentos difíciles en los que pensé que no lo lograría, pero rendirme no era una opción. La montaña te deja muchas enseñanzas como compañerismo, trabajo en equipo, resistencia, humildad, además del amor inmenso por la naturaleza.

Pero, ¡la mayor enseñanza es comprobar que los límites están en tu mente!

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